martes, 5 de abril de 2011

La incomprensión que poseen las personas que creen que comprenden es una de las cosas más dañinas que me pudo haber tocado. Llorar desconsoladamente y que alguien te obligue a que lo abraces, afirmándote: "Yo te entiendo", cuando sabés que nunca vivieron esa situación tan particular. Si no lo vivís, no lo entendés. Es así, no hay vuelta de tuerca.
No comía, me rasguñaba, me tiraba del pelo, me sentaba y miraba un punto fijo con los ojos llorosos con la cabeza torcida, lloraba todo el tiempo, le pegaba a las cosas y a mí misma, gritaba desgarrando mi voz, amenazas de suicidio, juraban comprenderme, pero me cuestionaban completamente lo que hacía, decían que era algo muy bajo y se alejaban de mí, dejándome otra vez sola ¿A caso no saben qué una persona qué hace todo eso no está tratando nada más que llamar la atención? Conseguir un abrazo y que el "castigo que merecía" no debiera estar, por el simple hecho que no lo merecía, por el simple hecho que siempre eran castigos constantes sin ningún sentido o fundamento, solo por el hecho de dañar. Nadie entiende lo que es sentirse desprotegido pero quieren brindarte cariño. La gente suele consolar a los demás de la manera que les gustaría que lo hagan con ellos, dejando de lado lo que a la otra persona le haría feliz. Ya nada les importa. Ya nada queda.